Esta iba a resultar sin duda la etapa más bonita de todo el camino. Después de dormir bien a gusto y de haber tomado un suculento desayuno empezamos nuestra ruta. Al principio tomamos una carretera equivocada, pero pronto corrigimos el rumbo. Nos encontramos de nuevo con nuestro amigo el uruguayo que había sido alojado en un albergue después de Astorga. El uruguayo había decidido volver a Madrid y continuar su camino hasta Roma. Después de unos kilometros empezaron las verdaderas cuestas.
Como siempre habiamos tendido una tendencia a ir demasiado deprisa, nos decidimos a ir por separado para así poder relajarse y disfrutar del entorno sin tener que sufrir para seguir el ritmo del otro. Así que Espen tomo un descanso de 15 minutos mientras Joaquin marchó adelante. Había poco tráfico y el entorno era idílico. Empezamos a subir La Cruz de Ferro. El puerto es largo pero no demasiado duro. Empezamos a subir a 870 de altitud y poco a poco el paisaje fúe cambiando recordandonos los mismos tonos de las montañas Noruegas. Había restos de nieve en la cima y muchos arbustos con tonos rojizos, amarillos, azules. Por el camino hacia la cima adelantamos varios ciclistas. Espen tuvo oportunidad de practicar su español con una pareja de Barcelona. Cerca de la cima (1515 metros de altitud) el terreno era más duro. La vista era fantástica. En la cima Joaquin estaba esperando a Espen. Después de un pequeño paseo por la cima comenzamos el descenso. Adelantabmos a decenas de peregrinos que envidiaban nuestro confort. El descenso era muy pronunciado. Pasamos varios pueblos, unos habitados otros abandonados.
Tras descender a 500 metros de altitud nos encaminamos hacia Ponferrada. Alli comimos un poco de tortilla y un bocadillo. Vimos un viejo castillo y continuamos nuestro camino. Habìa mucho tráfico ya que era justo la hora de comer. Poco a poco se calmó el tráfico y fuimos acercándonos hasta Villafranca del Bierzo, una pequeña ciudad situada entre montañas. Aqui nos dieron sitio en el albergue sin problemas. Esta vez intentamos algo nuevo para evitar los ronquidos. Espen cogío una litera en el pasillo y Joaquin cogió un colchón y se acomodó el solo en uno de los salones. Tras una ducha (con agua muy fria, Joaquin parecía que le estaban torturando) fuimos a dar una vuelta a la ciudad para comer. Alli encontramos un noruego que llevaba dos meses de camino desde Francia. Había comido algo que le había hecho daño y se vió obligado a coger dos dias de descanso. Para Espen resultó un alivio poder compartir opiniones con un compatriota. Por la noche, antes de acostarnos, estuvimos dialogando con una dama inglesa y con un joven irlandés. El joven irlandés había andado el primer día 52 klm!. No tenia experiencia sobre andar así que no sabía lo que era normal. Logicamente allí estaba curandose las llagas de sus pies y sufriendo de dolor de espaldas.
Cuando nos ibamos a acostar creiamos que nos esperaba una noche tranquila. Por desgracia para Espen mucha gente usaba el servicio por la noche así que el pasillo que el ocupaba estuvo bien traficado.